Una vieja entrevista con
Por: Miguel Iriarte
A: Patricia I.
“…El surrealismo me deformó la
cabeza dándole una elasticidad
a todas las luces perniciosa para
la vida de familia y los
instintos sedentarios”.
Enrique Molina
Si tengo que decir que esta entrevista también tiene su historia, diré que se gestó en algún lugar de la Sierra Nevada de Santa Marta, en compañía de un grupo de amigos, y alrededor del fuego de un poemario de Juan Manuel Roca, para ahuyentar, con su arsenal de sueños, el peligro encarnado en la única fiera que asolaba esas alturas: el frío.
Así nació mi interés por su poesía, que me resultó llevada de la mano maestra de
El resultado de leer a Roca es el de quedarnos atrapados en la riqueza de posibilidades significativas de sus poemas, en la actualización de sus muchos sentidos. Esa es una gran ventaja de su poesía de imágenes autosuficientes. Es tan fuerte el mundo mágico, poderosamente imaginativo y onírico de este poeta, tan visual y sensitivo, que uno podría olvidarse de que el poema está hecho de palabras cuando entra a ser habitante de su país surreal. Que sigue siendo el nuestro.
Por otra parte, conocerlo departir con él, implica no hallar tregua en el “goce pagano” de su alegría destinada a resolverse en rumba, ni en el festejo de sus mordaces y jocosos comentarios. Como citar, por ejemplo, a “Don Miguel de Uñamuno”, recitar “Está Roca fue testículo”, del maestro de Greiff, o aquel otro memorable verso de Neruda que dice: “Me gusta cuando callas porque así no haces bulla”; o la casi insolencia con la que dice las verdades.
Resultaba, pues, interesante hacer esta entrevista con Juan Manuel Roca, -un poeta decididamente consagrado a su oficio, un noble y alucinado guardabosque del vastísimo “territorio libre del sueño“ que es para él la poesía.
Así hablamos:
-¿En qué momento surge la necesidad o la decisión de asumir la poesía como oficio?
-Después de vivir una época en ciudad de México, vine a radicarme en Medellín, por los años 68 o 69, cuando ya pasaba la agitación nadaísta. Allí me encontré con un grupo de poetas jóvenes como Raúl Henao, Rafael Patiño y Luis Eduardo Espinal, quienes tenían el mismo tipo de inquietudes y pesquisas hacia lo maravilloso, considerando la idea bretoniana de que no ha de ser el temor a la locura lo que nos haga bajar la bandera de
- Reconociendo la importancia de la ruptura de un movimiento como el Nadaísmo. ¿No se sentían ustedes, en cierta medida, herederos del "despelote" nadaísta?
- Sí, realmente había muchos puntos de contacto con el nadaísmo, aunque en ningún momento quisimos asumir un carácter grupal. Es decir, a pesar de que había una interrelación poética entre nosotros, había también un respeto y una cierta discreción por el trabajo poético en relación a como lo asumía el Nadaísmo. De todas formas teníamos puntos de contacto, como era el influjo del surrealismo y el hecho de pertenecer a una región en donde había surgido el Nadaísmo como era el Medellín de esa época.
- Uno puede notar que la marcada presencia e influencia del surrealismo en todos tus anteriores trabajos, sobrevive de manera muy decantada en tus últimas creaciones. En las imágenes, el tipo de asociaciones, en la perspectiva onírica de la realidad. ¿Tú tratas de conservar está línea, o es algo que se te quedó definitivamente en la esencia y que no puedes desechar?
- En primer lugar, yo creo que el surrealismo ha sido una vertiente poética que ha nutrido - en mi personal y subjetivo modo de ver - y se ha involucrado en la más alta poesía del continente. Pienso en el grupo Mandrágora de Chile, en Rosamel del Valle, en el venezolano Juan Sánchez Peláez, en Ramos Sucre, en Cesar Dávila Andrade, y encuentro que el influjo del surrealismo ya tenía un terreno abonado entre nosotros. Y es que yo no creo que el surrealismo sea un invento europeo; más aún, yo pienso que el surrealismo es americano, porque en la poesía precolombina hay el mismo tipo de preocupaciones por el sueño, por lo irracional, por lo mágico, por lo maravilloso. También pienso que Colón escribió una prosa surrealista luego de conocer y experimentar el embrujo de lo americano, y por supuesto, luego de escribir una prosa llana e insulsa. Por otro lado, el surrealismo europeo de los franceses, por ejemplo, no es más que una intuición de América en los últimos años, como es el caso de Breton y Artaud en México, de Henry Michaux en Ecuador, y de otros más que vuelven caras hacía América y descubren que acá el surrealismo está en una estado salvaje, natural, y que no es una revuelta contra el cartesianismo, que a ellos los obliga, sino que es un espíritu de América. Entonces, no veo porqué haya que negarse a la influencia del surrealismo, que de todas maneras logró llevar la poesía de los terrenos puramente literarios y conducirla hacia la vida.
- Poeta Roca, se dice que la poesía es la única realidad cultural del país que tiene una tradición coherente, identificable. Dentro de esa tradición, a tu juicio, ¿Cuáles son los poetas verdaderamente importantes, y que, por otra parte, puedas tu reconocer como influyentes en tu trabajo?
- Bueno, es cierto, si algún arte tiene en nuestro país un carácter orgánico, de flujo y reflujo, de avances y retrocesos, es
En mi caso particular, pienso que la nueva poesía colombiana le debe mucho a poetas como José Asunción Silva, especialmente, como Aurelio Arturo, como al Vidales de Suenan Timbres, como a alguna parte de la amplia poética de Alvaro Mutis, y pienso que se pronuncian en relación a ellos, que existe una preocupación por descifrar las voces de sus antecesores, no dentro de una tradición, sino asumiendo un presente a partir de lo que hemos tenido.
- En algunos casos literarios de reconocida importancia en el país, y de manera especial en el gran medio universitario; es decir, entre los jóvenes que se interesan con seriedad en el fenómeno poético, se coincide en considerarte como una de las voces más auténticas de la actual poesía colombiana. ¿Qué significado tiene eso para ti, y desde esa ubicación cómo ves la nueva poesía colombiana?
- Yo creo que la nueva poesía colombiana asume con más rigor el trabajo poético que muchas generaciones anteriores. No la considera como un aditamento, como un adorno dentro de su vida, sino como una fuerzo vital que la jalona a escribir poesía. Yo pienso con José Lezama Lima que sólo lo difícil es estimulante, y que la poesía por difícil es un estímulo; y lo es más cuando existe, no un reconocimiento, sino cuando pequeños fragmentos de la voz poética de alguien arraiga en un grupo de personas. No importa cuántas sean. El problema no es la cantidad.
También pienso que este asumir la poesía, sus riesgos, sus sueños; la pesadilla que implica escribir poesía dentro de esta violenta realidad como la que vivimos en el país, es una prueba de fe, de amor hacia lo riesgoso. Y la nueva poesía colombiana asume ese riesgo de cantar en un país que oscila entre la muerte y la miseria.
- En tu poesía hay un equilibrio, a mi juicio admirable, y es el que lo social está muy bien vinculado con el logro estético. Cada que esas dos entidades hacen contacto producen un efecto de alta tensión poética. ¿Qué importancia tiene ese logro dentro de tu trabajo, y qué piensas de ese -digamos- compromiso de la poesía?
- Considero que la poesía de tono social casi siempre ha adolecido del problema de un menosprecio por la estética y una alta valoración de
Para mí ha significado una gran lucha con las palabras tratar - no sé si con logros o no - de lograr ese equilibrio de que hablas. Porque pienso que si hay lecciones tan grandes como las de Nassim Hikmet, Paul Eluard y Arthur Rimbaud de cómo trabajar el hecho social en la poesía, se me hace que es un menosprecio hacerlo tan despreocupadamente como se ha hecho.
- Siguiendo con esa misma idea, ¿Cómo consideras tú la experiencia nerudiana, si tenemos en cuanta que Neruda, si bien es un gran poeta, también es un poeta desigual y en ese sentido tiene serias caídas?
- Con Neruda pasa algo que no sucede con Cesar Vallejo, y es que siendo ambos poetas de un amplio espectro, en donde caben la poesía de tono intimista, surreal y ciertas preocupaciones de tipo político, en Neruda, su hojarasca, radica precisamente en esos poemas. Y es porque su problema fue el de ser un poeta "boca de partido". Y eso es muy peligroso. Por ejemplo, si escribió un poema de "Loa a Stalin", y Stalin - cayó en desgracia con su partido, no veo porqué tenía que escribir posteriormente un poema contra Stalin. La consecuencia es que la poesía se vuelve circunstancial, agitacional, y con una despreocupación que ya no sólo es estética sino ética. Entonces, yo creo que el caso de Neruda es muy claro en relación con la poesía social fallida; cosa que no ocurre, por ejemplo, con los Poemas Humanos de Vallejo.
- Y para hablar de un caso que nos concierne directamente, cuando tú señalabas en una de tus respuestas anteriores al Vidales de Suenan Timbres, excluías, obviamente, La Obreriada. ¿Esta exclusión tiene algo que ver con esto mismo que hablamos acerca de la poesía social fallida, y el poeta "boca de partido"?
- Sí, realmente cuando hablo del Vidales de Suenan Timbres hablo del Vidales conocido, no hablo del Vidales, inédito, que es el de El Libro de los Fantasmas, que, a mi modo de ver, es un libro de la importancia y la trascendencia de Suenan Timbres. Y si no menciono La Obreriada es porque la considero un bache dentro de la obra poética de Vidales. Pienso que ese tono social exaltado no tiene los suficientes méritos para que pueda llamársele poesía. Por otra parte, creo que en eso influye la concepción del "realismo socialista", que ha sido una de las presuntas estéticas más romas que ha dado la literatura en el mundo.
- Bueno Juan Manuel, volviendo a tu poesía, alguna vez un amigo me hablaba de que en tu trabajo había una clara cercanía a Aurelio Arturo. ¿Consideras tú que es ese un juicio acertado?
- Para mí sería casi elogioso que mi poesía tuviera alguna cercanía a
El punto de relación aquí es esa gran vertiente poética que es la poesía de la imagen, esa preocupación por el "reino de la imago", como decía Lezama Lima, y que uno encuentra en toda la alta poesía del Mundo.
- Considero de suma importancia, dada la relación ya establecida, conocer un poco más acerca de quién era Lubicz Milosz…
- Milosz fue un poeta rumano, bastante desconocido, pariente del reciente premio Nobel de literatura, y un poeta cuyas preocupaciones por el ocultismo lo hacían hermético algunas veces, pero que en sus Poemas de las Soledades, por ejemplo, es un poeta muy aproximado a ese mundo evocador de Aurelio Arturo. Fue introducido a Latinoamérica por su traductor Galtier, a la Argentina, en donde se creó un grupo de estudiosos de Milosz. Es considerado también como un predecesor del Surrealismo.
- Te escuché decir que León De Greiff era uno de los poetas más ruidosos que había dado el país. Pero como también eres un aplicadísimo "mamador de gallo", desconozco la verdadera intención de esa expresión. ¿Podrías aclarármela?
- Bueno, creo que en verdad hay una etapa de León de Greiff, la de sus Romances, que comprende una poesía muy rigurosa y decantada, pero que después él se traiciona y crea una niebla de palabras, una poesía lexicográfica, de diccionario, en parte, de crucigrama, en otras, y que no deja de ser una evasión en momentos en que poetas como Vidales y Arturo trataban de desbrozar esa selva de retórica que ha sido la poesía colombiana. De Greiff asume el camino a la inversa, mira hacia atrás, y comienza a hacer una poesía llena de arcaísmos, que en este momento resulta hueca. Y pienso que si le gusta al hombre colombiano es precisamente por esa alta dosis de retórica que tenemos todos los colombianos, que somos absolutamente discurseros y se nos sale la baba cuando pasamos debajo de una balcón.
-Regresemos a tu poesía. Dices que en tu poemario inédito Umbrales la música y el cuerpo operan como un leit motiv; esto es fácil sentirlo en poemas como “Saga de los Negros Cantores”, “El Baile” o en “Tratos”. Pero hay algo que me llamó poderosamente la atención, y es el hecho de que conocieras considerablemente la música antillana, la salsa, y aparte de eso, la bailaras bien. ¿qué importancia tienen para ti fenómenos como la música antillana y el baile?
-La verdad es que la salsa ha estado presente en muy buena parte de mi vida; es por eso que no creo en un neo-riquísmo de la Salsa, en ciertos nuevos ricos de la Salsa que han asumido esto como un fenómeno de moda, y no con la profunda raigambre americana que esta tiene. Para mí –siendo que no soy un hombre del Caribe- la música andina que es gimoteadora, que siempre convoca como a una autopesadilla, a una quejumbre, no me emociona, la siento monorrítmica. En cambio, con la música del Caribe, la Salsa, hay un retorno a fuerzas naturales primigenias en el hombre americano, como es el gusto por el baile, el gusto por la ensoñación, por la risa y la sensualidad, cosas que al parecer nos están vedadas. Por eso creo, de todas formas, que es muy importante la convocatoria que hace la Salsa a atreverse a ser alegres en un país en donde una generación como la nuestra se ha tenido que forjar aprendiendo duramente a soñar entre los muertos, a soñar entre la pesadilla y a compartir, en medio de todo eso, la poca alegría que nos queda.
-Hay en ella una implicación redentora…
-Sí, es algo como liberatorio.
-Y para finalizar. Tengo entendido que has hecho incursiones en la narrativa. ¿Qué ha quedado de esto?
-Bueno yo inicié una novela que me ví obligado a terminar y destruir, porque me sucedía una cosa curiosa: no tenía el gobierno sobre los personajes. Muchas veces se filtraban personajes que no tenía pensado, y entonces yo optaba por decir que no pertenecían a mi novela, sino que estaban pasando vacaciones en ella. Total: cero guayabera.
Entrevista publicada originalmente en un Suplemento del Caribe de mediados de los 80s. Desde entonces Roca ha sumado a su bibliografía los libros siguientes: Antología poética (1983); País secreto (1987); Ciudadano de la noche (1989); Luna de ciegos -antología- (1990); Pavana con el diablo (1990); Prosa reunida (1993), Monólogos (1994), Museo de encuentros (1995), La farmacia del ángel (1995), Tertulia de ausentes (1998), Lugar de apariciones (2000); Los cinco entierros de Pessoa (2001), Las plagas secretas y otros cuentos (2001), Arenga del que sueña (2002), Teatro de sombras con César Vallejo (2002), Un violín para Chagall (2003), Cartografía memoria (ensayos en torno a la poesía) (2003), Esa maldita costumbre de morir (novela) (2003), Las hipótesis de Nadie (2005), El ángel sitiado y otros poemas (2006), Cantar de lejanía (2005) – Antología - El pianista del país de las aguas, Junto a Patricia Durán; Tríptico de Comala, Junto a Antonio Samudio; Del lunario circense - Junto a Fabián Rendón; Diccionario anarquista de emergencia, con Iván Darío Álvarez (2008); Testamentos (2008), Biblia de Pobres (2009).
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